miércoles, 16 de septiembre de 2009

PAQUETE FISCAL 2010, EL ARTE DE DESISTIR


SE PERDIO LA CREATIVIDAD


Jeremías Gutíerrez


Nada nuevo bajo el sol en el paquete fiscal enviado por el Ejecutivo al Congreso el martes pasado. Lo novedoso, si acaso, es que evidencia el cambio de rumbo ideológico-político del gobierno, del presidente Calderón.

El conjunto de aumentos a impuestos, productos y servicios públicos planteado en el paquete fiscal, como el impuesto del 4 por ciento a los servicios de telecomunicación (telefonía fija, celular, televisión de pago e internet); del 2 por ciento general a las ventas (que incluye obviamente alimentos y medicinas); los incrementos a la tasa impositiva de tabaco y bebidas con grado etílico; la tasa del impuesto sobre la renta para empresas y personas físicas (pasa de 28 a 30 por ciento); y los incrementos al precio de la gasolina y el diesel (con el efecto inflacionario que conlleva), a quien más va a afectar es a la clase media, tradicional sustento electoral del Partido Acción Nacional.


Incluso señala el gobierno que el nuevo impuesto a las ventas se destinará al combate a la pobreza y a la ampliación del programa Oportunidades. Aquí cabría preguntarse si no sería mejor en lugar de gravar más a las familias que ya de por sí ven disminuidos sus ingresos por la recesión económica, evitar imponerles otros gravámenes que disminuyan aun más su poder adquisitivo?

Es equivocada la segmentación socioeconómica que empobrece aun más al conjunto de la población, particularmente a la clase media, para aumentar los apoyos a las familias receptoras del programa Oportunidades, ya que en este programa ni están todos los que son pobres extremos, ni son pobres extremos todos los que están. Esta segmentación, junto con la carga impositiva, inhibe el consumo, la inversión y consecuentemente el empleo.


Es una falacia suponer que con los recursos del nuevo impuesto a las ventas realmente se vaya a combatir la pobreza. El programa Oportunidades no es para ello, sólo sirve para evitar que los pobres extremos dejen de acceder a niveles mínimos de alimentación, salud y educación, no para sacarlos de la situación de dependencia del apoyo gubernamental. La pobreza se combate promoviendo la inversión, el desarrollo económico y el empleo dignamente remunerado, no inhibiendo estos factores de la producción, como parece ser el objetivo de la propuesta fiscal.
El paquete fiscal es procíclico, tiende a acentuar un ciclo económico recesivo, destinando cuantiosos recursos a gasto corriente (transferencias de Oportunidades) y desalienta el consumo y la inversión de los individuos y empresas.

Nada se propone para gravar a los grandes evasores como son quienes se dedican al comercio informal y los empresarios que cuentan con especialistas en evasión y elusión fiscal, salvo un pequeño aumento en el impuesto a los depósitos en efectivo y el aumento al ISR, pero nuevamente ningún plan para ampliar la base de contribuyentes. Todo se enfoca en exprimir aun más al contribuyente cautivo clasemediero. En pleno siglo XXI ni la telefonía fija o por celular, ni el internet deben considerarse artículos de lujo para ser gravados con impuestos adicionales.
Tal parece que el presidente está cumpliendo su palabra (no en lo que a empleo se refiere, claro está) pero si en “rebasar por la izquierda”, aunque en el rebase atropelle a la clase media.

Nuevo error de estrategia y de comunicación política para el gobierno panista: deberá asumir el costo político de una propuesta fiscal que golpea y ningunea a la clase media, mientras que el paquete fiscal seguramente será sometido a “cirugía mayor” por legisladores de un PRI que se erigirá como defensor de la clase trabajadora y de los desempleados de este país. ¿Acaso se necesitan más pruebas de que el mayor enemigo del PAN se encuentra en el gobierno y concretamente en la Secretaría de Hacienda?

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